Hoy 8 de marzo de 2010 se conmemora el día Internacional de la mujer, haciendo referencia a los hechos que sucedieron este día del año 1908, cuando murieron calcinadas 146 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York, en un incendio provocado por bombas incendiarías lanzadas ante la negativa de abandonar la factoría donde protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían.
Sin lugar a dudas, durante estos 102 años, han ocurrido cambios importantes en el mundo y particularmente en el país, frente al reconocimiento y respeto de los derechos de la mujer, la igualdad y equidad de género y el desarrollo como actor estratégico y fundamental de la sociedad, y por ello no podemos dejar de lado que aunque es un mundo mejor para las mujeres, se siguen dando casos de violencia y de discriminación contra estas, como es el caso de países como Arabia Saudita, Pakistán o el Congo, donde, de acuerdo a los informes de la Oficina ONU Mujer, dirigida por la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, las mujeres no pueden ejercer actividades tan comunes como conducir un vehículo, además de los casos ya denunciados mundialmente de lapidación, violencia doméstica, violaciones, abusos sexuales perpetrados como tácticas de guerra, matrimonios prematuros y mutilaciones genitales, etc.
En nuestro país solo a partir del primero de diciembre de 1957 es que se da la oportunidad a la mujer de acceder a uno de los derechos políticos consagrados internacionalmente, como es el sufragio, siendo Colombia uno de los últimos en Latinoamérica, pero abriendo a su vez un capítulo importante en el país frente al concepto de emancipación y reconocimiento real de la mujer, como lo estableció inicialmente “LA DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DE LA MUJER Y LA CIUDADANA”, texto redactado en 1791, la cual en su aparte numero IV dice “La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón”
De acuerdo a la información brindada por el Departamento Nacional de Estadística DANE en el último trimestre del año 2010, se estableció que la tasa de desempleo para jóvenes hombres fue del 14,5% y para las mujeres el 27,1%, reflejando el gran impacto que el tema del desempleo está generando para la mujeres jóvenes, doblando la cifra ofrecida de desempleo en población de la misma edad (entre 14 a 26 años).
De la misma forma encontramos que al analizar las tasas de ocupación entre hombres y mujeres jóvenes de un total de 44% entre los 14 y 26 años, las mujeres en este rango de edad presentaron una tasa de ocupación de 33,2%, frente a la de los hombres que se situaron en 54,7%.
Sin embargo frente a esta realidad, se resaltan situaciones como las reflejadas en áreas como la contaduría, donde a diciembre de 2010, en Colombia había un total de 51.600 mujeres Contadoras Públicas matriculadas, frente a 2.872 hombres, demostrando un crecimiento importante de ellas en la profesión [1].
Esto presenta una dicotomía entre lo que sucede desde el punto de vista de la información estadística y la realidad, reflejando una separación muy importante entre lo que se da en algunas áreas de trabajo, los niveles de educación y los niveles de vida y condiciones sociales de la mujer trabajadora.
Esto refleja que el fortalecimiento en los sistemas educativos para la juventud y en especial en la generación de oportunidades para la población juvenil femenina deben ser vistos desde una óptica mas garantista como propuesta de política pública, en donde leyes como la 581 de 2000, la cual habla de la discriminación positiva para cargos en el sector público, avance en establecer que es necesario para cumplir su objetivo un mayor desarrollo de las condiciones sociales, educativas y culturales de la mujer y de la sociedad.
Es por ello, que hoy más que nunca, la juventud y la mujer se reflejan como el gran problema en temas de desempleo, informalidad y precariedad laboral, y teniendo presente que la situación podría ser peor, tenemos que seguir avanzando en el reconocimiento de sus derechos, en mecanismos que promuevan la visiblización de sus problemáticas y en la generación de de acciones para que no haya más vulneración de sus derechos y discriminación.
OCTAVIO RUBIO RENGIFO
Departamento Nacional de Juventudes CGT
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